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La idea es la base de todo proyecto. Es aquello que te hace decir, ¡lo tengo! o ¡Esto funcionaría!. La idea es el requisito imprescindible para comenzar pero ojo, sólo con la idea no vamos a conseguirlo. La gracia está en llevarla a cabo porque ideas hay muchas, yo mismo tengo una libreta donde apunto muchas, pero gente que las monte hay menos, y nosotros, como emprendedores, queremos ser uno de ellos.

Comenzaremos desgranando nuestra idea. Suele comentarse que una buena idea es aquella que puedes contar en pocas palabras, justo el tiempo que te daría para contársela a una persona en el trayecto del ascensor, el famoso “elevator pitch”. Personalmente creo que una buena idea es una buena idea sea como sea pero claro está, que sepamos venderla.

Tu idea puede ser innovadora o no serlo. El truco está en ver si existe una oportunidad de mercado para ella o no. Si estamos ante el primer caso, nuestra idea se convertirá en realidad.

Para todo esto es necesario comenzar y desde luego comprender que el objetivo del plan de empresa es darnos cuenta de las posibilidades REALES y mira que lo pongo en mayúscula, de nuestra idea. Hay que aceptar que habrá que hacerle cambios pero que siempre irán a mejor ya que vamos a ir identificando los puntos a mejorar durante este proceso denominado Plan de Empresa.

¿Comenzamos?

Para realizar este primer paso hazte preguntas a tí mismo como por ejemplo, ¿cómo surge la idea? ¿cuál es la idea en sí? ¿de quién fue la idea? ¿quién conoce la idea y la apoya? Es importante que te respondas a las preguntas con total veracidad, ya que engañarse a uno mismo no lleva a nada. Una vez te respondas a ellas o a otras que te vayan surgiendo tendrás un poquito más claro cuál es la idea que tienes. Genial, ¿a que sí?

El próximo día hablaremos de los socios y su importancia.

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